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Romance del 19 de julio  Lucía Sánchez Saornil

  • Foto del escritor: golondrinaedicione
    golondrinaedicione
  • 12 feb 2016
  • 2 Min. de lectura

La vida se paró en seco

fue en el tiempo de la siega-;

la canción del labio mozo

se trocó en dura blasfemia

y la hoz dejó en el surco

una interrogante abierta.

La vida se paró en seco

en la ciudad y en la aldea;

se enfrió el horno del pan

y sobre el trigo la muela

se inmovilizó de pronto

sin acabar la tarea.

¡Descansó el macho en el yunque

con un apagón de estrellas!

¡La vida se paró en seco

cuajada en gritos de alerta!

Aulló el hambre; despertó

la legión de la miseria,

husmeó al aire cargado

de electrizadas centellas

y un puño gigante en alto

contó minutos de espera.

De Este e Oeste y desde el Norte

al Mediodía de Iberia

corrió el "alerta" del paria

al acecho de sorpresas.

¡Cuidad los hombres del llano!

Los de la montaña, ¡alerta!,

los que en la huerta se afanan,

los que junio el agua sueñan.

¡Aquí los descamisados

firme el puño en la herramienta,

que herrumbre de viejos hierros

nos amaga las muñecas!

¡La vida, toda, tembló

de temerosa impaciencia!

¡Júbilo de los esclavos!

Las noches eran espléndidas;

iluminadas de rojo

sonoras de voces. Eran

como esa canción sin nombre

que el viento arranca a la selva

sacudiendo hasta la entraña

del árbol bajo la tierra.

Eran crepitar de llamas

despeño de torrenteras

silbidos entre relámpagos,

muerte y vida en recia mezcla.

Y en medio del torbellino

boca pegada a la tierra

va un suspiro.. -Hermano, oye...¬

(Están en sombra y se aprietan

las manos tímidamente

sin que ayer se conocieran).

Mi madre quedó llorando,

cuando me marché, de pena,

creída en el desamparo

si mi muerte acaeciera.

(Júbilo de los esclavos,

júbilo! La bocanegra

del fusil crea en la noche

una ráfaga de estrellas).

Y la voz... -Lleva a mí madre,

si yo caigo, esta certeza:

que aquí dejo mil hermanos

valientes que la defiendan,

hijos de su misma entraña

aun cuando no los pariera.

¡Júbilo de los esclavos!

En julio rojo la tierra

como un vientre estremecido

recibió la siembra nueva.

(Mujeres Libres, n° 11, dic. 1937, Barcelona)


 
 
 
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